Ser militar implica asumir grandes responsabilidades y estar dispuesto a servir a la patria en cualquier lugar y circunstancia. Sin embargo, para el sargento Julián Andrés Pineda existe una misión aún más importante: ser padre.
Oriundo de Bogotá, ingresó al Ejército Nacional en el año 2001, luego de prestar su servicio militar y descubrir su vocación por la vida castrense. Desde entonces, ha dedicado 25 años al servicio de Colombia, desempeñándose en diferentes unidades del país y construyendo una trayectoria marcada por el compromiso, la disciplina y la vocación de servicio.
Durante su carrera, la institución le brindó la oportunidad de formarse como auxiliar de enfermería y tecnólogo en administración en salud, conocimientos que le permitieron desempeñarse en áreas como salud operacional, referencia, central de citas y auditoría de cuentas médicas. Su labor fue especialmente destacada durante la pandemia de COVID-19, cuando contribuyó significativamente al proceso de vacunación en Norte de Santander, esfuerzo que le mereció reconocimientos por parte de la Secretaría de Salud de Cúcuta y en la Noche de los Héroes en 2021.
No obstante, uno de los momentos que transformó por completo su vida llegó en 2023, con el nacimiento de su hija. Desde entonces, cada logro profesional tiene un significado diferente, pues encuentra en ella la motivación para seguir creciendo como militar y como ser humano.
«Ser padre es una experiencia única, una gran responsabilidad llena de sacrificios, pero también es lo más maravilloso que existe», expresa el sargento Pineda.
La paternidad le ha enseñado a fortalecer valores como la paciencia, la empatía y la responsabilidad. También le ha permitido comprender la importancia de cada decisión que toma, pensando siempre en el bienestar y el futuro de su familia.
Aunque actualmente el servicio los mantiene separados por la distancia –él en Bogotá, y su hija en Cúcuta–, esto no ha sido un obstáculo para ejercer su rol como padre. A través de videollamadas, mensajes constantes y cada oportunidad de encuentro, mantiene una presencia activa en la vida de su pequeña.
Con amor, respeto, honestidad, educación y ejemplo, busca transmitirle los valores que durante años ha aprendido en el Ejército Nacional, convencido de que la mejor enseñanza para un hijo es el testimonio de vida de sus padres.
Hoy, su mayor anhelo no solo es alcanzar el grado de sargento mayor, sino también convertirse en el mejor ejemplo para su hija. Porque detrás del uniforme, las responsabilidades y los reconocimientos, existe un hombre que ha encontrado en la paternidad su misión más importante y su mayor motivo para seguir adelante.