Para Melisa Macías y Eveling Pérez, ser «lanzas» significa mucho más que compartir el uniforme: es contar con una amiga que escucha, acompaña y está presente cuando más se necesita.
Hay amistades que nacen en las aulas de formación y se fortalecen con el tiempo, como en las experiencias compartidas y los desafíos de la vida militar. Melisa Macías y Eveling Pérez se conocieron en 2021, durante su formación en la Escuela de Suboficiales Sargento Inocencio Chincá, y desde entonces han construido una amistad que hoy suma tres años. Oriundas de Popayán e Ibagué, respectivamente, ambas hacen parte de la Brigada de Selva N.° 31 e integran el Batallón de Infantería de Selva N.° 30 General Alfredo Vásquez Cobo, donde cumplen su misión en el corazón de la Amazonía colombiana.
Durante este tiempo han compartido entrenamientos, largas jornadas de servicio y momentos personales que les han permitido conocerse más allá del uniforme. Entre ellas nació una confianza que se construye con pequeños gestos: estar pendiente de la otra, escucharse cuando se necesita y acompañarse, incluso en los días más difíciles. «Mi lanza es esa persona que está pendiente de uno, que sabe cuándo necesita apoyo y que no pregunta dos veces para ayudar», expresa Melisa Macías, al describir el significado que tiene esta amistad en su vida.
Con los años, esa relación se transformó en una hermandad que permanece vigente. Aunque sus responsabilidades dentro de la institución las llevan a enfrentar distintos desafíos, conservan el vínculo que nació durante su formación y que se ha fortalecido con cada experiencia compartida.
En el Vaupés, donde cumplen su misión al servicio de las comunidades amazónicas, su historia representa uno de los valores que acompañan la vida militar: la solidaridad, porque detrás de cada uniforme hay personas, emociones, sueños y amistades que también se convierten en fuente de fortaleza para afrontar los desafíos de la misión.
En el Mes del Amor y la Amistad, la historia de Melisa y Eveling recuerda que algunas amistades trascienden las circunstancias y se convierten en una verdadera hermandad, de esas que nacen compartiendo un propósito y permanecen con el paso de los años, demostrando que el Ejército Nacional no solo forma soldados, sino personas íntegras capaces de construir lazos que duran toda la vida.